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Por Daniel BeckerDirector ejecutivo, Mifel
METROEl sistema bancario de México está entrando en un momento decisivo. El país combina la escala y la sofisticación de una gran economía con desafíos estructurales que continúan limitando la inclusión financiera, la productividad y el crecimiento a largo plazo. Está profundamente integrado en las cadenas de suministro de América del Norte, es cada vez más importante para la manufactura global y alberga una de las poblaciones más jóvenes y más conectadas digitalmente entre las principales economías.
Sin embargo, México sigue siendo una paradoja. Aunque la estabilidad macroeconómica se ha preservado durante décadas y el sistema financiero está bien capitalizado y es resiliente, el acceso a los servicios financieros formales sigue siendo desigual. Aproximadamente la mitad de los adultos mexicanos todavía no tienen una cuenta de ahorro formal, el efectivo aún domina las transacciones diarias y millones de pequeñas empresas operan fuera del sistema bancario formal.
Para Mifel, esta contradicción define al mismo tiempo un desafío y una oportunidad. Fundado durante la modernización del sector bancario de México a principios de la década de 1990, el banco ha evolucionado hasta convertirse en una de las instituciones financieras de más rápido crecimiento en el país al adoptar un modelo que deliberadamente se encuentra entre dos mundos: la solidez y confianza de una institución financiera regulada y la agilidad, simplicidad y diseño de firmas financieras enfocadas en el cliente (tecnología financiera enfocada en el cliente).
El futuro de la banca mexicana será híbrido, combinando la solidez del balance, la confianza y la presencia física de los bancos regulados con la agilidad tecnológica y el diseño centrado en el cliente que las fintech aportan a la industria.
El futuro de la banca en México no se decidirá mediante una elección binaria entre bancos tradicionales y competidores digitales. Estará conformado por instituciones que puedan integrar ambas con éxito. No será exclusivamente digital ni puramente tradicional. El futuro de la banca mexicana será híbrido, combinando la solidez del balance, la confianza y la presencia física de los bancos regulados con la agilidad tecnológica y el diseño centrado en el cliente que las fintech aportan a la industria. En México, ese enfoque híbrido no es opcional; importa.
Un sistema bancario mexicano sólido con asuntos pendientes
El sistema bancario mexicano entra a este período desde una posición de fortaleza. Los bancos administran activos que representan más del 45 por ciento del producto interno bruto (PIB) y siguen siendo los principales intermediarios financieros del país, canalizando crédito a hogares, empresas y proyectos de infraestructura. Los niveles de capitalización son sólidos, la liquidez es suficiente y el sector ha demostrado resiliencia ante los shocks externos, desde la crisis financiera mundial hasta la pandemia.

Sucursal Mifel en la Ciudad de México
En las últimas tres décadas, la banca ha jugado un papel estabilizador en el desarrollo económico de México. Las reformas de la década de 1990 sentaron las bases de un sistema financiero moderno y competitivo, mientras que la entrada de bancos internacionales –particularmente de España– ayudó a acelerar la escala, la profesionalización y la profundidad de los productos.
Muchos bancos internacionales vieron a México como una oportunidad de crecimiento a largo plazo en un momento en que la banca competitiva aún estaba en su infancia. Hoy, para algunas de estas instituciones, México se ha convertido en su mercado más importante, incluso más importante que sus países de origen.
A pesar de estos avances, aún persisten brechas estructurales. La penetración del crédito en México sigue siendo baja en relación con sus pares, especialmente entre las pequeñas y medianas empresas (PYMES) y trabajadores informales. La confianza en las instituciones financieras, aunque mejora, debe lograrse continuamente. Persisten las disparidades regionales, con acceso a sucursales, servicios de asesoría y crédito distribuidos de manera desigual en todo el país.
Al mismo tiempo, las expectativas de los consumidores mexicanos están cambiando rápidamente. Más que 80 por ciento de la población tiene acceso a internet, penetración de teléfonos inteligentes en adultos supera el 80 por cientoy las generaciones más jóvenes esperan que los servicios financieros sean instantáneos, transparentes y principalmente móviles. México es ahora el segundo ecosistema fintech más grande de América Latina, sólo detrás de Brasil, con cerca 1.000 empresas fintech operando a través de pagospréstamos, ahorros y gestión patrimonial.
No sorprende que las fintech reconozcan tantas oportunidades en México. Es un gran mercado interno con una población joven y conectada, pero también uno donde millones de personas todavía tienen poco o ningún acceso a productos financieros formales.
La disrupción de las fintech y sus límites
La rápida expansión de las empresas Fintech ha acelerado la innovación en todo el sector financiero mexicano, particularmente en pagos e incorporación digitales. Sin embargo, a medida que el mercado maduró, las diferencias entre los modelos de negocio se hicieron más visibles. Muchas empresas de tecnología financiera operan con acceso limitado a financiamiento estable y una base de ingresos estrecha, lo que aumenta el control sobre su escalabilidad y resiliencia durante períodos de condiciones financieras más estrictas.
Las fintech han sido un catalizador de la innovación y esa contribución es real. Pero construir una institución financiera sostenible requiere más que tecnología. Requiere gestión de riesgos, disciplina de capital y capacidad de desempeño en todos los ciclos económicos.
Los bancos tradicionales, por el contrario, garantizan la estabilidad financiera. Sin embargo, los bancos que no logran modernizarse corren el riesgo de quedar excluidos de la forma en que sus clientes realizan transacciones. La digitalización ya no es una ventaja competitiva. Ésa es la condición básica. La cuestión es cómo implementarlo sin perder lo que hace que la banca funcione en la economía real.
Por qué la banca híbrida le conviene a México

Daniel Becker, director ejecutivo de Mifel
En ningún otro lugar los argumentos a favor del modelo híbrido son más fuertes que en México. La informalidad todavía está muy extendida, el uso del efectivo está profundamente arraigadoy las relaciones personales siguen siendo importantes, especialmente para las pymes, los empresarios y las personas adineradas que buscan asesoramiento en lugar de realizar transacciones ellos mismos.
En este contexto, un modelo puramente digital lucha por generar confianza a escala. Mientras tanto, el modelo puramente tradicional no puede cumplir con las crecientes expectativas de velocidad, transparencia y una experiencia digital perfecta.
En México, el modelo único simplemente no funciona. La gente quiere la comodidad de la banca digital, pero también quiere la seguridad que proviene de una institución real detrás de la aplicación: una sucursal que pueden visitar, un asesor al que pueden llamar y un banco que estará ahí en los buenos y en los malos tiempos.
La banca híbrida cierra esta brecha. Permite a las instituciones atender a clientes nativos digitales y al mismo tiempo seguir apoyando a segmentos que valoran (o requieren) el acceso físico y la interacción humana. También contribuye a la resiliencia institucional a través de bases de financiamiento diversificadas, flujos de ingresos más amplios y relaciones más profundas con los clientes.
La evolución de Mifel: de la banca relacional a la escala digital
Fundada durante la modernización del sistema financiero mexicano, Mifel ha construido su reputación sobre la base de una gestión disciplinada del riesgo, relaciones cercanas con los clientes y un enfoque de crecimiento a largo plazo. Durante décadas, el banco se ha centrado en segmentos clave como las pequeñas y medianas empresas, la financiación de viviendas y las personas adineradas, expandiéndose gradualmente mientras fortalece la gestión y el capital.
El banco ha atravesado una transformación digital estructural, no como un alejamiento de sus inicios, sino como una extensión de ellos.
Esta evolución mesurada ha permitido a Mifel afrontar periodos de estrés sin comprometer su dirección estratégica. Más recientemente, el banco ha experimentado una transformación digital estructural, no como una desviación de sus inicios, sino como una extensión de ellos.
Mifel no digitalizó por digitalizar. Se ha digitalizado para hacer la banca más sencilla, más accesible y más relevante, sin perder la cultura del servicio y la prudencia.
La expresión más clara de esta estrategia es la de Mifel. cuenta digital (cuenta minorista digital), que combina una experiencia de incorporación y gestión totalmente móvil con uno de los rendimientos de ahorro más competitivos del mercado mexicano. El producto creció rápidamente, superó el medio millón de clientes y atrajo miles de millones de pesos en depósitos, sin dejar de ser rentable, una rareza en la banca digital.
Lo más importante es que los compradores digitales no están aislados. Se benefician de la red nacional de sucursales de Mifel y de su centro de llamadas interno especializado. En México, Mifel es conocido por su soporte superior sin fricción. El personal del centro de llamadas conoce el banco a la perfección. En Mifel lo llamamos banca con rostro humano (rostro humano): nuestros clientes digitales saben que hay un banco real detrás de la aplicación.
La solidez financiera como herramienta estratégica
La estrategia híbrida de Mifel está respaldada por un sólido desempeño financiero. El banco logró un crecimiento de dos dígitos en su cartera de préstamos, mantuvo la capitalización muy por encima de los requisitos regulatorios y reportó consistentemente una rentabilidad superior al promedio del sistema. El aumento de la calificación crediticia por parte de las agencias internacionales refleja una calidad de activos estable, un apetito de riesgo cauteloso y ganancias resilientes. A 2025, el banco reportó un índice de adecuación de capital (ICAP – Índice de Capitalización) de 16.61 por ciento, un retorno sobre el capital (ROE) de 23.38 por ciento y activos totales de más de MXN 160 mil millones.
Esta fortaleza financiera no es casualidad; es fundamental para el modelo híbrido. Un banco no puede generar confianza únicamente con la tecnología. La confianza surge de demostrar con el tiempo que se pueden proteger los depósitos, gestionar riesgos y apoyar a los clientes a lo largo de diversos ciclos económicos.
Las operaciones diversificadas del banco (que abarcan banca comercial, financiación de viviendas, servicios de inversión y venta minorista digital) le permiten equilibrar el crecimiento y la estabilidad mientras continúa invirtiendo en tecnología, seguridad cibernética y capacidades de datos.

Mandato nacional: inclusión y sostenibilidad
El modelo híbrido no es sólo una estrategia empresarial; también es una herramienta de desarrollo. Ampliar el acceso a los servicios financieros formales sigue siendo uno de los desafíos más apremiantes de México y una de sus mayores oportunidades.
La inclusión financiera no es sólo un objetivo social; es un imperativo económico. Los bajos niveles de inclusión limitan la productividad, el crecimiento y la movilidad social. Para avanzar en la inclusión se necesitan instituciones que puedan operar a escala y al mismo tiempo permanecer cercanas a los beneficiarios. En Mifel, creemos que podemos ser fundamentales para incorporar a los no bancarizados al sistema financiero formal a través de nuestro enfoque híbrido.
Mifel ha alineado este enfoque con su agenda de sostenibilidad más amplia, integrando criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en sus prácticas crediticias y diseño de productos. El banco ha emitido bonos verdes, ha ampliado el financiamiento para viviendas y pequeñas y medianas empresas energéticamente eficientes, e invertido en iniciativas de educación financiera destinadas a promover el ahorro y el uso responsable del crédito.
La digitalización también juega un papel clave aquí. Al reducir los costos de incorporación y simplificar el acceso, la tecnología permite a los bancos llegar a nuevos segmentos, pero solo si se combina con confianza, educación y compromiso a largo plazo.
2026 y más allá: el momento decisivo
De cara al futuro, esperamos que 2026 sea un año crucial para México y su sector financiero. La revisión del Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (T-MEC), la continua evolución de la inminente fusión y la recalibración global de las cadenas de suministro darán forma a los flujos de inversión y la dinámica de crecimiento en toda América del Norte.
México tiene las bases para aprovechar este momento. Pero convertir las oportunidades en crecimiento dependerá de la ejecución y de contar con un sistema financiero capaz de financiar responsablemente ese crecimiento. En este entorno, es probable que los bancos híbridos desempeñen un papel cada vez más central: apoyando a las pymes, financiando infraestructura y proporcionando a los hogares herramientas para ahorrar, invertir y planificar el futuro.
Las instituciones que ganarán son aquellas que entienden a México tal como es. La banca híbrida refleja esa realidad. Se trata de construir escala sin perder confianza y fomentar la innovación sin perder estabilidad.
El modelo híbrido de Mifel destaca cómo el crecimiento, la digitalización y el elemento humano pueden coexistir, lo que refuerza nuestra visión de que en el sector bancario en evolución de México, la tecnología puede permitir el progreso, pero la confianza, en última instancia, lo sostiene.
Nota: Mifel tiene participación en la próxima Copa Mundial de la FIFA. ¡Contamos con nuestro embajador de Mifel, Raúl Jiménez, delantero del Fulham, para marcar al menos tres goles durante el torneo!
Nota: Mifel tiene participación en la próxima Copa Mundial de la FIFA. ¡Contamos con nuestro embajador de Mifel, Raúl Jiménez, delantero del Fulham, para marcar al menos tres goles durante el torneo!

